Un recuerdo lejano
Nos quedamos en la cima del mundo. Y es que como dice el eslogan: está Nueva York y está el resto del mundo. Más de dos semanas de nuestro regreso sin haber digerido todo lo que nos trajimos (no sólo en el estómago). Ideas, impresiones, sensaciones que nos acompañan aún y cuyo poso se mantendrá hasta la próxima visita.
Los días finales transcurrieron entre cenas de marisco en Choptank, compras de última hora, cócteles contra el calor, visitas al Moma y a Times Square, paseos por Brooklyn y Soho… tanto por hacer. Como despedida, sabes que nos dimos los prometidos huevos de desayuno del Blue Ribbon.
Amiga, hay que ir despidiendo este blog pero tampoco es cuestión de dejarlo morir sin más, sin un adiós apropiado, que nos quede como souvenir de un verano intenso a caballo entre dos ciudades en las que nos sentimos como en casa. Será como cerrar un ciclo, de Madrid a Manhattan y de vuelta los dos en Madrid. Asumamos nuestra condición de eternos visitantes. ¿Nos vemos esta noche para rematar la faena?
Desde Madrid
Top of the Rock
Todo visitante de Manhattan, por muy Soho que se quiera ser, tiene que pasar un día en las aceras de la Quinta Avenida. Es un inevitable ritual del exceso y de culto al shopping. Después de la peregrinación al santuario de Apple en la Quinta a que el santo Jobs bendiciera nuestro iBook y nuestros, entramos en Abercrombie para echarnos unas risas, todo un fenómeno. Los y las turistas, con ataques de ansiedad ante la colección de modelos sin camiseta. Una selección de personal para estudiar en las escuelas de negocios. Chicos y chicas de impresión… completamente retrasados. Los que no están ligando entre ellos, se dedican a bailar y saludar. Algunos disimulan, doblando ropa como autómatas, pero no les preguntes nada que apenas sabran articular palabra. Encima al cobrarte, se equivocan. Pero todo un éxito de ventas, un furor.
Para terminar, subimos a la cima del Rockfeller Center. Hay que ver Manhattan desde las alturas y no nos podemos permitir un paseo en helicoptero, tal vez en otra ocasión. Cero cola, nada de espera, muy raro. Pero ni gota de aire, al revés, parecía que estábamos aún más cerca del sol.
Ahora en Manhattan
Escuela de calor
Creo que está saliendo en las noticias la ola de temperaturas infernales que asola Nueva York estos días. Es la verdad. Como prueba, te cuento que organizamos uno de nuestros planes favoritos: picnic en Central Park, buscando algo de alivio. Pasamos por Dean & Deluca, ideales con nuestro lunch pack (¿sabes que venden cestas también? nos cortamos pero a puntito estuvismo). Y allí nos fuimos, a la sombra de un árbol, tirados en el césped, mojándonos en los aspersores… muy estupendo todo. Pero no tanto. No se podía estar del calor, sudando la gota gorda, costaba respirar incluso. Así que tuvimos que levantar el set y refugiarnos en el Metropolitan. Antes pasamos por mi escultura favorita del parque, la de los tres osos (calientes, debería decir). Y tuve que salvar a un niño de un columpio hirviendo (muy Tom Cruise). El aire acondicionado del Met fue la salvación y las vistas desde el jardín de su azotea (como tu dijiste) son una inspiración.
Ahora en Manhattan
Al agua!!
Desesperados por el calor insoportable que hace en la calle desde las ocho de la mañana y hasta medianoche, sin clemencia alguna, nos hemos enfilado hacía el río, en un día realmente extraño. Es fiesta y todo está medio cerrado. El paseo en barco por el Hudson nos ha parecido una buena idea, otra perspectiva del downtown bajo un sol de justicia. Después, aprovechando que estábamos en los alrededores de Wall Street, nos hemos refugiado en Century 21 para cargar la maleta de saldos. Para cenar, las pizzas gigantes de Lombardi’s, que tenemos junto al hotel, nos han parecido la mejor opción. Hemos intentado tomar una copa, pero estaba todo vacío, mañana los americanos vuelen al trabajo y nosotros a las calles, si el tiempo lo permite.
Ahora en Manhattan
Esa puesta de sol es impresionante. He ido bastantes días a contemplarla, es uno de mis sitos preferidos y me cae al lado de casa. ¿Qué más podría pedir? Bueno si, podría pedir estar de nuevo allí.
Qué planazos estás haciendo. Aquí el calor es de infarto, hoy pensaba; me quejaba del calor húmedo de Nueva York, pero no se si este calor seco es mucho peor. Bueno de momento la mezcla de calor y jet-lag cuesta, pero llegar y estar con la gente de aquí y disfrutar de unas cañas y una buena comida en El Bahiana, hace que la vuelta sea mucho más apetecible. Y si encima te sorprenden con un feliz cumpleaños, totalmente improvisado, ahí si que no puedo pedir nada más.
Desde Madrid (como me cuesta escribir esto casi pongo Manhattan…)
Día de la independencia
No voy a jugar con fuego y preguntar por tu regreso. Me acuerdo mucho de ti, ayer volvimos a pasar por delante de tu casa. Ni lo pienses. Lo de la independencia nunca ha sonado tan apetecible como ahora, ya sabes, al carajo con todo y a vivir como realmente deseamos. Eso es lo importante. No tiene precio.
Estuvimos desayunando en Whole Foods y comimos en el Panca antes de irnos de copas por el Wes Village camino del River Park. Ni te imaginas cómo esta de gente. Al final no fuimos a la isla del gobernador porque 1) estábamos destrozados, 2) hacía demasiado calor, y 3) las colas del ferry eran de impresión. Además nos dijeron que lo complicado era volver, ya que no hay otro modo. Pero lo pasamos bien igualmente y vimos los fuegos artificiales en el Hudson, tras una puesta de sol preciosa. De impresión, casi media hora de polvora y sudor.
Ahora en Manhattan
Segundo día
Tras nuestro cruce en Grove con Bleecker, el paseo por el Village, las casas de los famosos y el cupcake de rigor en The Magnolia Bakery nos despedimos a las puertas de Pastis y subimos al High Lane, para bajar en la 14th e intentar encontrar la iPad en el Apple Store del Meatpacking District. Imposible, claro. Paseito por Chelsea y compras en Boradway hasta llegar a Union Square, donde estaba el fantástico mercado agrícola de los viernes (también lunes y miércoles).
Impresiona descubrir esa fascinación por lo orgánico, los productos de la tierra, rodeado de edificios de hormigón y cristal. Los granjeros llegan con sus verduras, su pasteles artesanales, sus vinos, mieles y zumos, aportando sabor auténtico de campo a la jungla del asfalto. Después aprovechamos para probar los macarrones con queso del Chat’n’Chew, un clásico de la zona, antes de la minisiesta.
Al caer la tarde repetimos paseo por el Village acompañados de Geles, otro ambiente distinto al de la mañana, más bullicio, igualmente apetecible. Al final, por casualidad y sin esperarlo, nos topamos en Christopher St. con el Lima’s Place y allí cenamos, en tu honor. Excelente la causa limeña, el ceviche de pescado y marisco y el aji de pollo, regado con mojitos y pisco sour. Llegamos al hotel dando tumbos del cansancio. A este ritmo no me da tiempo a post más sosegados y reflexivos, me ciño al momento. Por cierto, suben las temperaturas y los neoyorquinos huyen de la ciudad aprovechando el puente largo del 4 de julio. Felicidades.
Ahora en Manhattan
La instantánea del encuentro
Al final cruzamos nuestros caminos en el Village, así que queda para la posteridad. Y que conste que no ha sido fácil llegar hasta aquí. Sé que tampoco resulta fácil para ti despedirte, volver a Madrid y lo que algunos llamarán “vida real”. Yo esto lo siento como más real que otras vidas, y no sólo por el dolor de pies que supone pasear sin rumbo por las calles de Manhattan. Pacerá que los turistas dominamos estos días la ciudad, pero aún así encuentras momentos y rincones donde te sientes uno más de sus habitantes, donde te imaginas cierta rutina cotidiana, siendo un neoyorquino real, como si el bolsillo te permitiera soñar. Y esa sensación se reafirma cuando te cruzas, como me ha ocurrido hoy, con el pasado de forma inesperada y alucinante. ¿Recuerdas Carrie y Aiden en el zoco de SATC2? pues algo así, ya te contaré. Es de esos flashs, como la cita en la cima del Empire State, que no sólo puede ocurrir aquí, pero que sin duda se sobredimensiona cuando estás rodeado de rascacielos.
Ahora en Manhattan
Welcome to New York!!! Qué bien que estáis aquí. Al mediodía pensé en vosotros, y en vuestra llegada. Ya veo que os habéis puesto al día en cero como cero segundos, como si no os hubieses ido. Para estos días que pasareis en tu nuevo barrio LES, tomad nota: justo cerca de la Esquina está Cafe Select, un sitio cool donde van los neoyorquinos, hay un comedor posterior al que accedes por la cocina, preguntad por él. Y fijaros cuando os sienteis en la Esquina en Storefront, una tienda de libros de arte y arquitectura, en la que se hacen exposiciones. Lo curioso es que el local que ocupa, construido en una parte retranqueada del edificio que tiene una fachada modular, me tiene totalmente fascinada, de lo más interesante que he visto hasta ahora.
Cerca de esta zona también tieneis el templo de la modernidad de la ciudad, Opening Ceremony; sus escaparates y su fachada se cambian constantemente y son muchos los que se mueren por vender en este store. Chloe Sevigni diseña una colección es exclusiva para ellos y colaboran con los magazines más vanguardistas, con especiales y monográficos. Una cita super obligada y sobre todo a su planta sótano, donde están las rebajas.
Hoy cené en Chelsea, os recomiendo Ovest Pizzoteca by Luzzo, sin dudar ni un solo instante. Me voy a dormir, supongo que vosotros ya estaréis rendidos, pero en nada nos vemos en Café Angelique, el de Grove St.
Desde Manhattan