Tareas pendientes
Me apunto el limeño, el bambú y las setas, si hace falta. Cuento los días para aterrizar en JFK y me entran sudores fríos de todo lo que me queda por hacer hasta entonces. Ya te iré contando porque me acelero yo solito. Lo bueno de ir a Manhattan es que vas con la mente en blanco y la mochila vacía, de eso se trata, de recargar. Pilas, ropa, ideas, toda una vida. Y libros. Menos mal que ahora con los soportes digitales no hay que ir cargando volumenes, porque se me acumulan en el estante, como películas y series en el disco duro.
Ayer le regalé Historias de Londres de Enric González a Blanca y Fernando para su verano en Inglaterra. Y yo me quiero repasar las pistas de sus Historias de Nueva York antes de cruzar el charco. Para el viaje me llevaré una recomendación imprescindible que descubrí gracias a él, Meyer Berger’s New York. Se publica ahora en España una Diccionario de Nueva York, del cronista Alfonso Armada, que también tiene buena pinta y que arranca con una frase lapidaria: “Antes de que solicites ayuda ya hay alguien dispuesto a echarte una mano”. Quizás por eso vamos allí.
Desde Madrid