Entre Madrid y Manhattan

Top of the Rock

Todo visitante de Manhattan, por muy Soho que se quiera ser, tiene que pasar un día en las aceras de la Quinta Avenida. Es un inevitable ritual del exceso y de culto al shopping. Después de la peregrinación al santuario de Apple en la Quinta a que el santo Jobs bendiciera nuestro iBook y nuestros, entramos en Abercrombie para echarnos unas risas, todo un fenómeno. Los y las turistas, con ataques de ansiedad ante la colección de modelos sin camiseta. Una selección de personal para estudiar en las escuelas de negocios. Chicos y chicas de impresión… completamente retrasados. Los que no están ligando entre ellos, se dedican a bailar y saludar. Algunos disimulan, doblando ropa como autómatas, pero no les preguntes nada que apenas sabran articular palabra. Encima al cobrarte, se equivocan. Pero todo un éxito de ventas, un furor.

Para terminar, subimos a la cima del Rockfeller Center. Hay que ver Manhattan desde las alturas y no nos podemos permitir un paseo en helicoptero, tal vez en otra ocasión. Cero cola, nada de espera, muy raro. Pero ni gota de aire, al revés, parecía que estábamos aún más cerca del sol.

Ahora en Manhattan

— 1 year ago